El contacto frecuente entre el estudiante y el profesorado fuera y dentro del aula es el factor decisivo a la hora de motivar e implicar al alumno. El buen aprendizaje, como el trabajo de calidad, es colaborador y social y no competitivo y aislado; por eso el aprendizaje mejora cuando se plantea más como un trabajo en equipo que como una carrera en solitario.
Existen muchas formas de aprender, y cada alumno tiene mayor capacidad para hacerlo de una manera diferente. Así, los estudiantes brillantes dentro del aula pueden ser un cero a la izquierda en el laboratorio o en el estudio de las asignaturas vinculadas a las humanidades. Los estudiantes necesitan una oportunidad para hacer gala de sus talentos y aprender cómo les funcionan, y sólo después, podrán explorar nuevas formas de aprendizaje más complicado.
Para aprender no basta con ser mero espectador. Un alumno no aprende demasiado sólo con sentarse en un aula escuchando a sus profesores, memorizando tareas ya digeridas y repitiendo “como loro” las respuestas. Para aprender hay que emocionarse con lo que se está estudiando, hay que hablar sobre lo que se está aprendiendo, escribir sobre ello, relacionarlo con experiencias pasadas y aplicarlo a sus vidas diarias. Lo que el alumno aprende deberá formar parte de su vida.
Todo lo antes mencionado son características de los alumnos y de las situaciones que se van dando dentro del aula. Un buen educador es aquel que es capaz de lidiar con los acontecimientos que ocurren dentro de una sala de clases, aquel que es capaz de entregar los conocimientos de manera clara que implique un aprendizaje significativo en los alumnos.
Las acciones concretas que verifican el buen desempeño de un educador es la observación como recurso fundamental para las actividades de análisis de las experiencias, las siguientes son formas como un educador puede ir verificando durante sus jornadas de trabajo su desempeño:
Realizar balances generales de las actividades que se llevaron a cabo durante la jornada laboral, comentar y registrar las situaciones que llamaron más la atención en los alumnos.
Centrar el interés en aquellas actividades que dejaron una experiencia grata como también en las que dejaron una experiencia desagradable y la participación e interés de los alumnos en dichas actividades.
Identificar aquellos aspectos que permitieron profundizar conocimientos en los alumnos.
El buen desempeño de un educador hará que el alumno se haga partícipe de la clase y presente una actitud colaboradora ante la misma, esto conllevará a que el alumno haga preguntas ante las tareas propuestas con el propósito de mejorar sus capacidades.
En el caso de la Educación Física se pueden escribir breves reportes en donde se describan las características del desempeño motriz y las actitudes que manifestaron los alumnos.
Y en general podemos decir que la mejor manera de que un educador evalué su desempeño es verificando que los alumnos pongan en práctica los aprendizajes que han sido entregados, que estos puedan desarrollarse y resolver problemáticas con ellos.
El educador debe estar constantemente autoevaluando su desempeño, revisando su competencia como docente, creando nuevas formas de enseñanza para que el ambiente en el aula no se vuelva monótono y aburrido; provocando el desinterés de los alumnos. La didáctica es algo fundamental, con ella los aprendizajes serán adquiridos de una manera más fácil y significativa.
sábado, 7 de junio de 2008
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